Recursos literarios en la novela

Recursos literarios en la novela

16/06/2020 0 Por Mbarriov

Los recursos literarios en la novela son el auténtico sabor de la lectura. Consisten en utilizar las palabras de forma poco habitual para generar efectos de estilo y ser más expresivos. Es un paso más allá en el uso del lenguaje que amplía las posibilidades al no limitarnos sólo al uso estilístico de verbos y adjetivos.

En géneros como la poesía son utilizados de forma amplia y común. Sin embargo, los recursos literarios en la novela también son utilizados y la lectura atenta los descubre en los textos de los grandes escritores. Normalmente, la metáfora y el símil son los habituales de los recursos literarios en la novela. Sin embargo, las posibilidades son muchas.

En la entrada de hoy no haré una lista con todos los recursos literarios que podemos emplear. Me limitaré a hacer una selección personal de aquellos que más me gustan y más utilizo. Los adornaré con algunos ejemplos y te ánimo a dejar los que a ti se te ocurran en los comentarios y leer las otras entradas de escritura creativa.

Figuras semánticas

En esta categoría se engloba los recursos literarios que emplean las palabras en un sentido distinto al que normalmente tienen, pero manteniendo una conexión de semejanza. Son figuras que juegan con el significado de las palabras.

Hipérbole: Es una exageración. Consiste en exaltar una cualidad o defecto hasta tal punto que resulte irreal. Se utiliza para llamar la atención en una característica concreta de aquello que estamos describiendo. Estás exageraciones pueden ser tanto por exceso como por defecto.

Son hipérboles expresiones cotidianas como «más lento que el caballo del malo» (defecto) o «te mando un millón de besos» (exceso).

Una hipérbole famosa en la literatura corresponde a Quevedo: «Erase un hombre a una nariz pegado». Cambien nos lo enseña a hacer García Marquez en Cien años de soledad: «El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para nombrarlas había que señalarlas con el dedo».

Prosopopeya: Es la atribución de cualidades humanas a entes no humanos, ya sean animales, vegetales, ideas u objetos. También conocida como «personificación» es un recurso muy habitual en cuentos o en determinados géneros, pero también puede emplearse en narraciones realistas para escribir descripciones más poéticas.

Hay expresiones cotidianas que son prosopopeyas: «la naturaleza es sabia», «los pájaros cantan» o «la tierra sufre».

Cuando empleamos verbos humanos en sujetos a los que no les corresponden estamos empleando una prosopopeya: «la ciudad nos mira», «la hierba le acarició», «la silla se quejó».

Oxímoron: Consiste en utilizar de forma conjunta dos términos que son opuestos. Normalmente se consigue un nuevo nivel de significado más poético que ilustra aquello que se quiere expresar.

Son oxímorons de uso común las siguientes expresiones: «muertos vivientes», «pequeño gran hombre» o mi favorito «cerveza sin alcohol». En la literatura tenemos el celebre de Quevedo: «es hielo abrasador, es fuego helado».

Símil: Consiste en comparar dos objetos para atribuir las características de uno al otro. Tiene una estructura muy marcada que suele ser tal que así:

A como/cual B

Es un recurso básico y común, pero que tiene un gran poder de comunicación. Gracias a su abundancia y estructura simple pasamos por ellos como por los verbos vocativos en los diálogos y asumimos su concepto sin problemas. Yo mismo acabo de utilizar un símil para explicarlos, quizás ni te diste cuenta.

No hay que confundir el símil con la metáfora. La diferencia es que ésta última prescinde de los adverbios para comparar los dos conceptos.

Simil: «Su espalda ancha como un buey».

Metáfora:«Su espalda de buey».

Metáfora: Como he dicho, la metáfora es similar al símil. La metáfora consiste en identificar las características de un objeto (A) con la de otro(B) con el que existe una relación de semejanza, pero no incluye un adverbio para compararlos; la relación de semejanza es directa.

«Cabellos de oro», «dientes de marfil», «piel de ébano» son algunos ejemplos. En función de cómo se estructura la metáfora puede ser de diferentes tipos:

Metáfora simple: Estructura [A es B]. «Tus cabellos son de oro».

Metáfora implícita: El termino A se obvia. «El oro de tu cabeza».

Metáfora aposicional: Estructura [A, B]. «Tus cabellos, oro en tu cabeza».

Metáfora negativa: Estructura [No B, A]. «No es oro, son tus cabellos».

Metáfora descriptiva: Estructura [A, B1, B2, B3…]. «Tus cabellos, oro, seda, luz…».

Metáfora superpuesta: Estructura [A es B1, B1 es B2, B2 es B3…]. «Tus cabellos son oro, el oro es luz, la luz es vida».

Metáfora de complemento de preposicional del nombre: Tiene dos estructuras [A de B] o [B de A]. «Cabellos de oro» o «Oro de cabellos».

Lítotes: Es afirmar algo negando lo contrario. Es una forma de atenuar las connotaciones negativas o reforzar las carencias. Cuando usemos el lítotes en vez de decir que esta nublado diremos que no hace sol, diremos que alguien no es muy alto cuando queramos decir que alguien tiene poca estatura y cuando esté malo diremos que no está muy bueno.

Puede confundirse con la ironía, pero son recursos distintos.

Ironía: Consiste en dar a entender lo contrario de lo que decimos. Con la ironía decimos algo de manera explicita, pero en el contexto en el que la decimos hacemos entender al lector lo contrario. Es un recurso con tintes humorísticos. Es sencillo utilizarla en diálogos, lo cual no significa que no podamos utilizarla también en las descripciones.

Figuras Morfosintácticas

Además de jugar con los significados de las palabras también podemos alterar la estructura convencional de la frase. Los recursos de este grupo se basan en la repetición de palabras, la alteración del orden de la oración y la anexión o supresión de términos.

Pleonasmo: Consiste en agregar conceptos innecesarios para hacer la oración más expresiva y generar una redundancia.

Algunas expresiones coloquiales son pleonasmos: «Lo vi con mis propios ojos», «Sube para arriba», «Volar por los aires». En estos casos la redundancia es clara: si ves algo lo haces con tus ojos porque son los órganos de la visión; cuando subes siempre subes arriba, no subes abajo; con volar sucede lo mismo, no vuelas en el mar ni vuelas en la tierra.

Asíndeton: Es la omisión de las conjunciones de una oración para alterar su ritmo. Normalmente genera una lectura más ágil, apasionada y expresiva. El ejemplo más común es cuando sustituimos las conjunciones de una enumeración.

El asíndenton más famoso se atribuye a Julio César: «Legué, vi, vencí».

Polisíndeton: Es la figura contraría al Asíndeton. Consiste en añadir conjunciones innecesarias. También altera el ritmo de lectura, pero en este caso se ralentiza el discurso y se enfatiza cada palabra generando solemnidad.

Un ejemplo de polisíndeton: «Hay un palacio y un río y un lago y un puente viejo,

y fuentes con musgo y hierba alta y silencio… un silencio.» Juan Ramón Jiménez.

Anáfora: Es la repetición de palabras al comienzo de varias oraciones para enfatizar una idea y generar ritmo en la lectura. Es un recurso habitual en poesía, pero también puede empelarse en la novela.

«¡Oh mi voz condecorada

con la insignia marinera:

sobre el corazón un ancla

y sobre el ancla una estrella

y sobre la estrella el viento

y sobre el viento la vela!»

Rafael Alberti.

Concatenación: Al repetir palabras a lo largo del párrafo o la oración tenemos una concatenación. Es habitual en la poesía pero como recurso literario en la novela nos ayuda a dar ritmo y remarcar ideas en nuestras descripciones.

«Todo pasa y todo queda,

pero lo nuestro es pasar,

pasar haciendo caminos

caminos sobre la mar.»

Antonio Machado.

«¡Oh mi voz condecorada

con la insignia marinera:

sobre el corazón un ancla

y sobre el ancla una estrella

y sobre la estrella el viento

y sobre el viento la vela!»

Rafael Alberti.

Nota: Tanto la anáfora como la concatenación son figuras que se basan en la repetición de términos con un fin estilístico y expresivo. Probablemente habrás leído muchos consejos de estilo que recomiendan evitar las repeticiones. Sin embargo, tal como hemos visto, las normas se pueden romper adrede cuando buscamos cierto estilo o queremos jugar con el lenguaje.

Hipérbaton: También llamada transposición o inversión. Consiste en cambiar el orden común de la oración para enfatizar una idea o concepto o hacer la frase más elegante. Este recurso se ha empleado, por ejemplo, en las películas de Star Wars para los diálogos del maestro Yoda, para hacerlo solemne.

«Mucho que aprender todavía tienes» es una frase de Yoda, un claro hipérbaton. La oración construida de forma convencional sería: «Todavía tienes mucho que aprender»; no suena igual de sabio.

Un ejemplo más literario:

«Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar.»

Bécquer.

Figuras fónicas

En los anteriores grupos hemos jugado con el significado y la estructura. Los recursos literarios en la novela también pueden utilizar el sonido de las palabras para dotar de musicalidad y expresión a nuestro texto.

Onomatopeya: un recurso sencillo en el que empleamos palabras que imitan el sonido que representan. La mayoría de voces animales tienen una onomatopeya: «Miau», «Guau», «Muuu», etc. También algunos verbos: «Banng», «Crack», «Tolón». Como curiosidad cabe decir que las onomatopeyas son propias de una lengua y región. Así el gallo en España hace «¡Kikiriki!»,en Francia «¡Cocorico!» y en Argentina «¡Cocoroco!».

Aliteración: Consiste en la repetición de sonidos en palabras próximas. La aliteración no es una rima y ayuda a generar ritmo musical con las palabras y atraer la atención. Es un recurso muy interesante que hace las descripciones mucho más vivas si, por ejemplo, repetimos sonidos que recuerdan a aquello que describimos.

En mi novela «Lúxefer: magia, pistolas y navajas», lo empleé de la siguiente forma:

«Cazz abrió la boca pero no dijo nada. Ninguna lo hizo y la voz del bosque las envolvió. La pinaza, parada en las ramas de los pinos, repicó revuelta por la brisa; agitaba la hierba el correr de los ratones y las nubes, leviatanes blancos en el celeste, susurraron secretos de lugares lejanos.» Marc Barrio.

En este párrafo describo el ambiente en un claro recóndito en medio de un bosque solitario. Por un lado está la repetición de los sonidos «P» y «R» que imitan el sonido de las ramas y las hojas arrastradas por el viento. Los sonidos «B» dan un respiro ante tanto golpe, como el viento que sopla a ráfagas y, por último, los sonidos «S» imitan directamente el soplar de la brisa.

Sigue estudiando

Los recursos literarios en la novela son una herramienta expresiva muy útil. Hay muchos más y puedes consultarlos en el siguiente sitio, con definiciones y ejemplos, es una de mis principales fuentes para este post. Además te recomiendo leer mucha poesía y escuchar música en español, estos recursos no son sólo de la lengua escrita y encontrarlos en diferentes géneros musicales puede ayudarte a desarrollar tu imaginación. Por último, en el píe encontrarás unas selección de libros de poesía y manuales de escritura para ampliar conocimientos.

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