Los puntos de vista I: Perspectiva


puntos de vista

Escribir ficción

Escoger el punto de vista de nuestro texto puede ser una de las decisiones más difíciles que tomamos a la hora de escribir. El gran problema es que no existe una opción correcta, ya que, a distintos puntos de vista tendremos distintos textos, pero que sean diferentes no significan que sean mejores o peores. Cada una de las opciones que tenemos a la hora de escribir presenta sus ventajas y sus inconvenientes. Tanto a la hora de presentar la acción, como a la hora de desarrollar personajes, dar información al lector y mantenerlo enganchado.

En la entrada de hoy, la primera de una serie en la que trataremos en profundidad los puntos de vista, nos centraremos en las decisiones que debemos tomar antes de decantarnos por uno u otro y haremos un breve repaso con todas las opciones.

Cuestión de perspectiva

Cuando escribimos, la perspectiva desde la que narramos es fundamental para determinar qué historia vamos a contar. Cualquier acción, cualquier hecho y cualquier experiencia tiene varios puntos de vista y cadauno puede ser una historia totalmente diferente. Si narramos un accidente de tráfico no es lo mismo que lo explique el ciclista, el conductor, un testigo o un dios omnisciente. Sucede lo mismo con las relaciones sexuales, las compras en las tiendas, las batallas, los sermones, las conversaciones y cualquier hecho susceptible de ser contado.

El lector accede a la acción a través de los ojos del narrador. Por tanto, escogerlo es fundamental para que la historia se explique tal y como nosotros queremos.

Esto nos lleva a la gran pregunta: ¿Quién narra la historia? Puede ser el protagonista, el amigo del protagonista, un narrador externo, o varios personajes. Pero es importante que tomemos esta decisión y la mantengamos durante toda la historia. Decidir cambiar de narrador implica reescribir todo nuestro trabajo. Podemos utilizar varios narradores, sí, pero debemos dejar claro que ese es nuestro juego. Narrar toda la historia desde un punto de vista y en mitad de la obra introducir otro narrador porque necesitamos su perspectiva es romper el contrato que se establece entre lector y escritor. Podemos hacerlo de forma que el lector lo acepte, pero no será una tarea fácil.


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¿Quién narra la historia? Debo insistir en la pregunta porque es fundamental. No sólo por quién es sino por cómo es. Debemos tratar el lenguaje del narrador como si fuera el de un personaje más. ¿Dice palabrabotas o usa eufemismos infantiles? ¿Usa exclamaciones o mantiene un tono neutro? ¿Tiene una visión cándida o una visión crítica? ¿Conoce todo lo que sucede o sólo una parte? Aún más. ¿Nos quiere contar todo lo que sucede o es parcial? Si los personajes pueden mentir y ocultar información, determinados narradores también pueden.

Cuando nos planteamos estas preguntas es fácil llegar al nivel de cognoscencia de nuestro narrador. Se trata de decidir a qué pensamientos tiene acceso. Es decir, a qué personajes conocerá mejor el lector. Esto es relativamente sencillo cuando es un protagonista en primera persona y bastante más complicado cuando es un narrador externo omnisciente de una obra coral.

Al final, esta decisión sobre la presentación de personajes a través del narrador responde a una cuestión de perspectiva. La distancia a la que situamos al lector de ellos. Lo mismo sucede con las acciones y los escenarios en general. El narrador no sólo se sitúa a una distancia respecto de los personajes, también se sitúa a una distancia respecto al resto de elementos de la historia. El lector percive una historia distinta si colocamos el punto de vista encima del hombro del protagonista, como un loro que ve y siente todo cuanto sucede a su alrededor, a si lo colocamos a treinta metros, como un observador externo que se limita a narrar aquello de lo que es testigo. Todo depende de cuánto queramos introducirnos en la acción en ese momento determinado.

Cómo escoger entre tantas opciones

Como hemos visto, el punto de vista es una cuestión de distancia. Distancia respecto a los personajes, a los hechos, a los pensamientos, a la acción y a los sentimientos. Distancia temporal, espacial y empática. Establecer dónde queremos colocar al narrador es una decisión difícil, la primera de muchas. Pero podemos resolverla si nos planteamos cuatro cuestiones:

  • ¿Es un narrador o un personaje?
  • ¿Cómo ve los acontecimientos de la historia?
  • ¿A qué pensamientos tiene acceso?
  • ¿A cuánta distancia observa?

Una vez sepamos esto tendremos una idea de qué punto de vista necesitamos. Ahora nos queda saber de qué narradores disponemos. Si ordenamos nuestras opciones desde el más cercano a la historia hasta el más alejado obtenemos la siguiente lista:

  • Primera persona
  • Primera persona periférica o narrador testigo
  • Tercera persona: narrador equisciente
  • Tercera persona: narrador omnisciente
  • Tercera persona: punto de vista objetivo

Todas tienen sus ventajas y sus inconvenientes y, en función del tiempo verbal y la voz, pueden dar lugar a mucho juego. Escoger sabiamente marcará la diferencia en nuestra historia. En próximas entradas le dedicaremos el espacio necesario a cada una para saber todo lo necesario de ellas. Aún así, no dejéis de visitar la bibliografía si queréis saber más del tema.

Bibliografía

  • Como no escribir una novela; Howard & Newman (2010) Seix Barral, S.A
  • Escribir Ficción; Alexander Steele, Ed. (2012) Alba Editorial, s.l.u
  • El arte de la ficción; John Gardner (2001) Ediciones y talleres de escritura creativa Fuentetaja

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