Microcuento: A flor de piel


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Qué vas a leer

El siguiente microcuento lo escribí no recuerdo cuándo. Surgió de un concurso literario. Uno de tantos que buscan llenar páginas y páginas de tinta para venderlas a los ilusionados autores. El tema me inspiró para escribir y, pese a que fui seleccionado, no me ilusionó para comprar un ejemplar. Nunca lo he visto impreso y tengo dudas de que llegara a imprimirse nunca. Aún así le tengo cariño; creo que en estas líneas se esconde el germen de una historia por la que ilusionarse.

A flor de piel

Se miró al espejo y contempló su inacabada obra con orgullo. Tenía las finas manos de una profesora de parvulario; con uñas en rojo descascarillado, los dedos llenos de nudos, como el tronco de un olivo, y la piel suave propia de las mujeres de 25 años. Las piernas ocultas hasta los tobillos por una falda ancha y el pecho cubierto por una holgada blusa. Los hombros lucían desnudos, anchos y prietos; eran de piel bronceada, estaban cubiertos de una oscura pelambrera y acababan abruptamente en brazos de piel blanca y arrugada como mangas de camisa. La cabellera era de una rubia teñida y tenía las raíces castañas crecidas, no podía cepillarla sin arrancar mechones de pelo lacio. Los pómulos los heredó de un joven con cara de manzana, de piel de crema repleta de pecas. El lugar de los labios lo ocupaba una parcela de chapa inexpresiva.

El androide cogió su última adquisición: unos labios finos, perfilados a la perfección, del tono rosado que tienen los recién nacidos. Los colocó sobre el metal, cuidando que ocuparan su posición exacta, y los fijó con una pistola de pegamento. Al ver el resultado, habría llorado de haber podido. Sólo le desagradaba la expresión inerte.

Con ambas manos y cuidado, cogió los labios y las tiró a arriba. Los labios sonrieron forzadamente por un momento y luego se desgarraron por la comisura en dos pedazos que quedaron colgando del metal. Era el sexto par que rompía.

El androide se preguntó cuándo podría sonreír.

(2015) A flor de piel. En: Bajo la piel Volumen 1. Carpa de Sueños.

 

Demasiado corto

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