Dónde surge la inspiración


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En algún lugar leí que las novelas son 10% autobiografía y 90% ficción. No sé si alguien la dijo alguna vez, pero me parece muy acertada. Es muy similar a la celebre: “La creatividad es 10% inspiración y 90% transpiración”, que tiene más autores que púas un cactus. Ambas vienen a decir lo mismo: para crear algo necesitas mucho conocimiento previo y un toque personal. Dicho así parece fácil.

Debería serlo. Hoy día tenemos el grueso del arte y el conocimiento en el bolsillo en todo momento. Podemos acceder en el metro, cuando hacemos cola, estamos en un atasco o en un semáforo demasiado largo. Tenemos la opción de sentarnos y disfrutar de las maravillas que hicieron quienes nos precedieron; la música, la pintura, el cine, la litertura, pero no lo hacemos. Contemplar lo que hicieron los demás nunca fue suficiente, así se expande el conocimiento y evoluciona el arte. El problema de la creación y el descubrimiento siempre fue la difusión; pero hoy día tenemos el grueso de la audiencia mundial en el bolsillo. Podemos lanzar nuestra creación en cualquier momento y encontrar a alguien que quiera escuchar.

Quizás eso tenga tantos aspectos positivos como negativos. La inmediatez hace que todo sea vanal y desechable. No importa que un escritor tardara más de un año en escribir un libro de doscientas páginas, nosotros escribímos una triología, en seis meses, del tirón, sin revisiones y sin haber escrito antes nunca nada. Imitamos lo que nos gusta y lo compartimos con gente con nuestros mismos intereses. Dejamos de ser espectadores y nos convertimos en sujetos activos, en los protagonistas. Creamos, compartimos y comentamos. La era digital nos convierte en emisores y receptores, pero es imposible recibir toda la información y, poco a poco, la filtramos. Así recibímos lo que nos interesa, nos llenamos siempre con lo mismo y, por tanto, siempre nos vaciamos igual. Nos estancamos y nos convertimos en emisores que nadie escucha porque no quedan receptores. Al final, en el mundo hay muchos cineastas y escritores, pero  pocos cinéfilos y muy pocos lectores.

Si queremos escribir antes hay que leer. Hay que ser lector antes que escritor, cinéfilo antes que cineasta. Lanzarnos a crear cuando echámos de menos algo; una historia, un amigo, una voz que nos dé consuelo y que no encontramos. Primero hay que entender los conflcitos de los personajes de los demás, ver los hilos del escritor que mueve la trama, los giros que dan forma al argumento, descubrir nuevas perspectivas del mundo. Antes de cocinar hay que conocer los ingredientes y la mejor manera de aprender es de los maestros y de aquellos que han arriesgado, experimentado y fracasado antes que nosotros.

La inspiración puede venir de cualquier lugar que nos haga estallar una chispa en la cabeza. Puede llegar cuando arreglas un enchufe o mientras lees un libro de no ficción; como Un punto azul pálido de Carl Sagan. Novelas  como Ubik o Los viajes de Tuf están llenas de semillas que, bien cuidadas, germinarían en novelas totalmente nuevas. Puede llegar al ver una serie genial como Doctor Who o mientras escribes un cuento que sabes será horrible. No importa, siempre y cuando trabajes, porque como dijo el genio; “cuando llegue la inspiración que me encuentre trabajando.”

 

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